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Un teorema cuántico de 2012 desafía la idea de realidad objetiva de Einstein
El teorema PBR, publicado en 2012, llevó a muchos físicos a aceptar que la mecánica cuántica es incompatible con la noción más intuitiva de realidad. Quanta Magazine reconstruye el camino que va de Einstein a Bell y a este resultado.
Redacción PicoTecno
2 min de lectura
(Quanta Magazine)
Según relató Quanta Magazine, un teorema formulado en 2012 por Matthew Pusey, Jonathan Barrett y Terry Rudolph terminó de golpear la visión de Albert Einstein sobre la realidad. El resultado se conoce como PBR, por las iniciales de sus autores. Desde su publicación, muchos teóricos aceptaron que descarta la comprensión más intuitiva de cómo es el mundo. Pusey era por entonces estudiante de posgrado en el Imperial College London.
La idea que Einstein defendía es sencilla de enunciar: los objetos tienen propiedades que les pertenecen, sin importar quién las mire. Una bola de billar roja sigue siendo roja en la oscuridad y sin nadie que la observe. La mecánica cuántica, en cambio, no asigna un color a la bola hasta el momento de la medición. Antes de eso, solo ofrece probabilidades. Por ejemplo, un 77% de chances de encontrarla roja y un 23% de hallarla verde.
Probabilidades, pronósticos y una disputa de un siglo
Para Einstein, esas probabilidades funcionaban como un pronóstico del tiempo. Cambian cuando uno obtiene información nueva, pero no alteran lo que pasa en la atmósfera. La llamada función de onda, el objeto matemático que describe el estado cuántico, sería entonces un reflejo de nuestro conocimiento incompleto y no del objeto en sí.
En 1935, junto con Boris Podolsky y Nathan Rosen, Einstein propuso el experimento mental conocido como EPR. Con él buscaban demostrar que una partícula puede tener propiedades definidas antes de ser medida. Asumían dos cosas: que existe un estado real y que este reside solo en la partícula, de modo que únicamente puede cambiar si se interactúa con ella.
Niels Bohr respondió cuestionando la primera suposición. Según su asistente Aage Petersen, llegó a decir que "no existe un mundo cuántico", sino solo una descripción física abstracta. Esa postura se conoció como interpretación de Copenhague. Muchos físicos actuales critican su respuesta por vaga, pero el peso de Bohr y el creciente respaldo experimental a la teoría desalentaron durante décadas el debate sobre su significado.
El interés regresó en 1964 con John Stewart Bell. Mediante su propio experimento mental, demostró que la realidad tenía que ser más extraña de lo que Einstein suponía, y trabajos posteriores pusieron a prueba su planteo y le dieron la razón. Bell, que simpatizaba con Einstein, se había entusiasmado años antes con la mecánica bohmiana de David Bohm. Esa versión de la teoría mantiene partículas con posiciones reales, aunque a costa de aceptar una influencia instantánea a distancia.
Cincuenta años después de Bell llegó PBR. Jacques Pienaar, hoy en la Universidad Federal de Río de Janeiro, también exploraba teorías que intentaban rescatar una realidad objetiva. Recordó que, al aparecer el teorema, pensó: "That's it. The program's dead" (es decir, que ese programa de investigación había muerto). Según la nota, ya hubo una realización experimental reciente de PBR, y como los experimentos confirman una y otra vez la mecánica cuántica, algo de nuestra idea de realidad tiene que ceder. La pregunta abierta es cuánto.